En un giro decisivo de la política interna estadounidense, el Departamento de Estado anunció el despido de más de 1.300 empleados como parte...
En un giro decisivo de la política interna estadounidense, el Departamento de Estado anunció el despido de más de 1.300 empleados como parte de una reorganización aprobada tras el fallo del Tribunal Supremo que respalda los recortes federales del presidente Donald Trump. Entre los afectados se encuentran más de mil funcionarios y casi 250 agentes del Servicio Exterior, en una medida que se enmarca en la estrategia del secretario de Estado, Marco Rubio, para reducir lo que considera una burocracia excesiva e ideologizada.
La restructuración, que prevé una reducción total de hasta 3.000 puestos entre despidos y bajas voluntarias, excluye por ahora el cierre de embajadas o ajustes en operaciones internacionales, aunque se mantiene abierta la revisión global del funcionamiento externo. Críticos desde el Congreso y el cuerpo diplomático advierten que esta medida debilita la posición global de EE UU en un contexto marcado por conflictos en Oriente Próximo, la guerra en Ucrania y el avance estratégico de China en África y América Latina.
La reforma forma parte de un plan más amplio impulsado por la Administración republicana para reconfigurar el Gobierno federal, con el desmantelamiento de oficinas como USAID, anteriormente liderado por Elon Musk en el Departamento de Eficiencia Gubernamental. La reducción de personal impactará el 15% de la plantilla total del Departamento de Estado, afectando principalmente a funciones consideradas no esenciales, duplicadas o susceptibles de ser centralizadas. Los empleados recibirán un periodo de excedencia administrativa antes de la desvinculación oficial, mientras se prevé que más de la mitad de las salidas serán voluntarias.
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